Cuando nos hacemos mayores nos vamos olvidando de como nos iniciamos en la vida de adultos.
Cuando el primer noviete te roza una mano, por primera vez o te la coge en el cine, medio a escondidas para que tu amiga no lo vea, te parece que no debes lavártela, sueñas y hasta no puedes dormir recordando ese momento maravilloso. Si salieras a la calle, no te darías cuenta de que llueve.
Ya no te cuento ante el primer beso, aunque no valiese casi la pena, lo vas a recordar toda tu vida.
Lo que entendemos a veces por amor, es ese momento en el que parece que no pisas el suelo, sino que vuelas sobre el, y que además todos lo ven y lo perciben, se irradia algo especial que todos ven.
Pero poco a poco con el paso del tiempo se transforma en algo muy sólido, que si vale la pena, nadie puede romper, sólo tu.
Si tu pareja te dijera, que al lado de otra persona, sería más feliz que contigo, al amarlo incondicionalmente deberías dejarlo libre, porque tu lo amarás igual. Si entiendes el amor de otra forma, no es amor.
El amor es como una sinfonía, tocada por múltiples instrumentos, aunque tú solo te fijes en uno, pero el conjunto es lo que cuenta y es lo que la hace magnífica. Si no eres capaz de amar incondicionalmente no te cases, no vale la pena que le compliques la vida a nadie, ya que si no estaríamos hablando de dependencia de la pareja o de la relación mutua que mantenéis.
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