lunes 12 de diciembre de 2011

MIS VERANOS DE CUANDO ERA NIÑA

Mis padres trabajaban fuera de casa los dos; al nacer mi hermano, mi abuela materna se hizo cargo del bebé, cuando mi madre se reincorporó al trabajo.
Así que un fin de semana, al llegar mis vacaciones escolares, mi padre me llevó a Mora d'Ebre donde mis abuelos paternos vivían.
Mi prima Rosa Mari, también vivía con ellos, a causa del trabajo de sus padres, así que nos divertíamos, dando rienda suelta a nuestras infantiles fantasías.
La abuela pastoreaba las cabras, hacía el pan, el queso, cocinaba y se ocupaba de la casa; el abuelo de la tierra y de las compras. La verdad es que se compraba muy poco, algunas sardinas, bacalao seco, chocolate para nosotras y todo lo demás salía de la finca. El vino, el aceite, el trigo, con el que se hacía el pan. La leche de las cabras, con las que se hacía el queso.
Y los frutos de la tierra, en verano como pimientos, berenjenas, tomates, higos, almendras, melones, sandías, melocotones, uva y alguna otra cosa que me olvido como manzanas, peras...
Cuando yo llegaba, abría el cajón de la mesa de la cocina, donde sabía que guardaban el queso y hubiese el que hubiese y su estado de dureza, yo era capaz de comérmelo, con mucho cuidado le sacaba las partes externas excesivamente secas y lo comía. Siempre he sido un poco ratón.
Por la mañana me iba directamente a una higuera joven donde me era fácil subir y cogía y comía cuantos quería. Cuando los abuelos y mis tíos subían a la casa a media mañana a comer mi abuela hacía migas de harina acompañadas de morcillas, chorizos, aceitunas en fin con lo que se les ocurría, eran tan buenas.
Cuando mis tíos ya no estaban en casa, pues tenían casa propia, la abuela ya no hacía migas, sino que comíamos pan cortado en unos platos hondos llenos de leche de cabra caliente y con mucho azúcar, me encantaba.
Por la tarde, me gustaba combinar dulce y salado, por ejemplo pan con tomate y chocolate, o un buen tazón lleno de aceitunas y confitura de dos colores de (yema de huevo y chocolate) o de tres colores, (ciruela verde, ciruela amarilla y cereza).
Eran tiempos felices, las preocupaciones no habían hecho aún su tarjeta de presentación.