Jesús, no vivió con miedo, ni murió quejándose. Vivió como un rebelde, fue crucificado como un revolucionario y murió como un héroe. Sus torturadores, que acabaron diciendo -verdaderamente era el Hijo de Dios.
Vino a la Tierra a insuflar un Espíritu Nuevo, que destruía monarquías constituidas, ta nuevo que ni los suyos a menudo entendían qué les decía.
Vino a derrumbar ídolos y a demoler palacios, construidos sobre las tumbas de los débiles. El imperio romano, transcurridos 300 años abrazaron el catolicismo.
Vino para hacer del corazón un Templo, del alma un Altar y del espíritu un Sacerdote.
Eso fue lo que enseñó Jesús, el canto del triunfo y la victoria sobre la esclavitud y opresión de los poderosos.
Su vida fue un símbolo de la VERDAD, de la LIBERTAD y del AMOR INCONDICIONAL FRATERNAL.
A pesar de haber transcurrido ya 2.000 años, más o menos según el calendario Juliano, seguimos estando muy verdes y muy lejos de esas enseñanzas, y hasta me atrevería a decir de espaldas.

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