miércoles, 13 de octubre de 2010

CRÍMENES MUY CRUELES

Hace tiempo leí un libro que me impactó, por la crueldad ejercida sobre una mujer, no culpable.
Era una mujer tártara hija de un rey, él quería criarla con el refinamiento de los mujeres chinas, vendándole los pies, maquillándola con polvos de arroz, estirando sus negros cabellos y enseñándole las tendencias que les llegaban del mundo oriental, esperando por todo ello un buen casamiento para su hija.
La joven debido a su ritmo de vida, donde casi no podía andar más que cojeando-saltando, comía muy poquito, justo para conservar la vida, cuando el padre decidió casarla, tomó un poco de opio y quedó en un estado de vigilia.
Así fue tomada por el único hombre que dejaban que se acercara a ella, ya que prácticamente vivía encerrada al mundo, solo disponía de su dormitorio con acceso a su jardín, nunca lo supo. El padre la casó y el marido supuso que no había sido el único, para no devolverla al padre, ingenió una dolorosa y espectacular muerte para ella que nada había hecho.
Cuando llegó el momento del parto, la llevaron a un lugar alejado de otras fincas o personas y le ataron las piernas, así el parto se inicia y cesa un montón de veces, el dolor es terrible y llega la muerta del feto por sufrimiento letal y a continuación el de la madre. Esta historia se desarrollaba en los años 1.300, cuando los tártaros eran un pueblo nómada.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Los hombres ejercen a veces una despiadada presión sobre la mujer que las incapacita para vivir.
Nunca he visto lo mismo en una mujer, es rara a la que condenan por causarle daños a su pareja.
Por qué los hombres creen que la mujer es su propiedad privada?
Ya está bien, si se quieren quitar ellos la vida que se la quiten, pero que dejen vivir a los demás. Loli